Se me rompió el móvil, de tanto usarlo.
Bueno, de tanto usarlo no, la culpa fue de la obsolescencia programada como todo el mundo sabe...
Pero hoy no vengo a hablar de cómo me compré un móvil nuevo. Que sí, que el otro estaba ("percibidamente") obsoleto y era más caro arreglarlo que comprar otro nuevo y mejor... Lo de siempre, pero insisto en que no vengo a hablar de eso.
También se me rompió el portátil. Más de lo mismo, me lo arreglaban sin garantías de que durara un año o un mes. Hoy, 4 meses después, sigue en plena forma. Aunque me compré otro.
Además me he cambiado de piso. Es precioso, moderno y diáfano. Y es un bajo. Pero oye, nada es perfecto.
Y en todo esto miré muchos móviles, muchos ordenadores y muchos pisos. Y, por ejemplo, no me compré el portátil que mejor se adaptaba a mis necesidades. Ni creo haber alquilado el piso con más metros a menos precio, a pesar de ser un oscuro bajo (o clínica dental, como ha sido definido por un querido amigo). ¿Y entonces por qué escogí esos y no otros?
Pues hay gente que se dedica a investigar cómo decidimos las personas humanas. Y es curioso darse cuenta de que cuando te lo dicen a la cara tienen toda la razón del mundo. Vamos por la vida pensando que somos super razonables, comprando los productos que mejor se adaptan a nuestras necesidades o que tienen mejor precio o calidad. ¡Y resulta que es mentira!
Según la neurociencia, la psicología, el neuromarketing y sabe Dios qué más, lo hacemos al revés. Vamos a una tienda, algo nos llama la atención a un nivel más o menos consciente. Y luego nuestro cerebro tremendamente lógico se pone a fabricar razones por las que ese en particular es mejor que todos los demás. ¡Creamos las razones para justificar nuestro impulso inicial!
Y mi pregunta es la siguiente... ¿todo lo decidimos así los humanos? ¿Sabemos de antemano lo que deseamos y luego intentamos buscar razones para apoyar eso?
¿Determina eso que nos compremos un champú o unas bragas? ¿Determina eso con quién decidamos casarnos o qué amistades elegir?
En fin, queramos o no está visto que somos esclavos del deseo. Dejad de jugar a los chicos lógicos y haced lo que os dé la gana, que al menos os ahorraréis tiempo.