martes, 4 de noviembre de 2014

Decide

Se me rompió el móvil, de tanto usarlo.
Bueno, de tanto usarlo no, la culpa fue de la obsolescencia programada como todo el mundo sabe...

Pero hoy no vengo a hablar de cómo me compré un móvil nuevo. Que sí, que el otro estaba ("percibidamente") obsoleto y era más caro arreglarlo que comprar otro nuevo y mejor... Lo de siempre, pero insisto en que no vengo a hablar de eso.

También se me rompió el portátil. Más de lo mismo, me lo arreglaban sin garantías de que durara un año o un mes. Hoy, 4 meses después, sigue en plena forma. Aunque me compré otro.

Además me he cambiado de piso. Es precioso, moderno y diáfano. Y es un bajo. Pero oye, nada es perfecto.

Y en todo esto miré muchos móviles, muchos ordenadores y muchos pisos. Y, por ejemplo, no me compré el portátil que mejor se adaptaba a mis necesidades. Ni creo haber alquilado el piso con más metros a menos precio, a pesar de ser un oscuro bajo (o clínica dental, como ha sido definido por un querido amigo). ¿Y entonces por qué escogí esos y no otros?

Pues hay gente que se dedica a investigar cómo decidimos las personas humanas. Y es curioso darse cuenta de que cuando te lo dicen a la cara tienen toda la razón del mundo. Vamos por la vida pensando que somos super razonables, comprando los productos que mejor se adaptan a nuestras necesidades o que tienen mejor precio o calidad. ¡Y resulta que es mentira!

Según la neurociencia, la psicología, el neuromarketing y sabe Dios qué más, lo hacemos al revés. Vamos a una tienda, algo nos llama la atención a un nivel más o menos consciente. Y luego nuestro cerebro tremendamente lógico se pone a fabricar razones por las que ese en particular es mejor que todos los demás. ¡Creamos las razones para justificar nuestro impulso inicial!

Y mi pregunta es la siguiente... ¿todo lo decidimos así los humanos? ¿Sabemos de antemano lo que deseamos y luego intentamos buscar razones para apoyar eso?
¿Determina eso que nos compremos un champú o unas bragas? ¿Determina eso con quién decidamos casarnos o qué amistades elegir?

En fin, queramos o no está visto que somos esclavos del deseo. Dejad de jugar a los chicos lógicos y haced lo que os dé la gana, que al menos os ahorraréis tiempo.