Muchas cosas han pasado por mi vida, pero esas ya las sabéis. Y si no, ¡es responsabilidad vuestra interesaros! Para vuestra tranquilidad tampoco son tan importantes. A lo que vamos.
Mi vuelta se debe a que acabo de enterarme de que 2014 es el año europeo contra el desperdicio de comida. No es que se hayan esforzado mucho por publicitarlo tampoco, pero sigue siendo una buena idea.
Si vuestras madres se esforzaron por hacernos comer todo lo del plato porque "hay que pensar en los pobres niños de África" y el sentimiento de culpa si os dejáis algo os sigue reconcomiendo de adultos, lamento informaros de que no estoy hablando solo de eso.
NOTICIA INCREÍBLE: en la sociedad actual la imagen y la estética es un valor de desproporcionada importancia. Y no solo impulsa la publicidad, la cirugía estética o las revistas de decoración. Su efecto se extiende a los productos frescos que compramos a diario.
¿Quién iba a decirle a este pobre chico de ciudad que una zanahoria podía tener esta pinta?
Por lo visto, no cuadra con el estándar vegetal de la sociedad.
Las frutas, las verduras... salen como salen de la tierra. Nosotros nos encargamos de tirar las feas, contribuyendo a las 2.3 billones de toneladas de alimentos que se desperdician al año.
Aparte de lo obvio (como decían nuestras madres) y los perjuicios económicos, estas pérdidas tienen efectos menos evidentes pero también graves en el planeta:
- Uso exagerado e inútil de fertilizantes y pesticidas.
- Gasto vano de combustible en labores de producción, recogida y transporte.
- Generación de metano (efecto invernadero) por la putrefacción de la comida.
Una ingeniosa campaña de una cadena de supermercados franceses ha tenido un gran éxito en la aceptación de estos productos en la cadena de suministro. ¿Y cómo han logrado desterrar los prejuicios de la fealdad vegetal?
Pensad en todo lo que se desperdicia por la manía de estandarizar todo y valorarlo según su estética. ¡No a la discriminación de frutas y verduras!

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