lunes, 19 de enero de 2015

De esos

Ante la pregunta: "¿Tú también eres de esos?", en la que se me instaba a comparar mis resultados académicos con un alegre congénere con 5 matrículas de honor yo contesté con un aséptico: "No, de esos no". Al fin y al cabo está bien tener amigos.

El caso es que hoy leo sobre una madre que dejó que su hija recibiera una reprimenda de la profesora para que aprendiera sobre responsabilidad y madurara. La historia no está tan mal para lo que hay en el mundo, podéis leer un resumen aquí.
Me resultó interesante que la mujer abogara por un replanteamiento de los modelos de enseñanza (no, sé que no es la primera) y defendía teorías como la de las inteligencias múltiples, de Howard Gardner.

Según esta teoría (técnicamente, según la entrada-de-Wikipedia-que-habla-sobre-esta-teoría), la inteligencia no es una habilidad única que agrupa diferentes capacidades relacionadas con el pensamiento lógico, la resolución de problemas matemáticos o el dominio del lenguaje. La inteligencia debería verse como un conjunto de inteligencias múltiples, distinguidas y medio independientes.

Se distinguen al menos 8 tipos de inteligencia: lingüística, lógica-matemática, espacial, musical, corporal-cinestésica, interpersonal, intrapersonal y naturalista. 


Así que, en teoría, una persona dispone de estas inteligencias (y quizá otras por definir) en diferentes grados. 

La teoría, como comprenderéis, encierra una crítica al sistema educativo actual, que se centra demasiado en las inteligencias lingüística y lógico-matemática. En vez de eso, la educación debería identificar y desarrollar las inteligencias de cada individuo.

¿Y qué tiene que ver la anécdota inicial con este órdago "new age"?
Pues como buen cristiano, hay que lidiar con el sentimiento de culpabilidad que sobreviene tras el orgullo. Me explico: el orgullo de mi inteligencia (de la de toda la vida; una, grande y libre) y la culpa que lleva a ocultar ese éxito. El auto-humillarse para controlar el ego que pueda entrever el resto, quizá, cuando no hay tal ego ni siquiera. Porque sabes que un expediente brillante no es la piedra angular de la felicidad, pero temes que otros lo crean.

Por eso me gusta que el señor Gardner ponga de relieve otras partes de la psique. Que la sociedad pueda entender que el arte o el comprender a los demás tiene mucha importancia. A menudo más que las integrales triples, de hecho.

Y vosotros, ¿sois de esos?

2 comentarios:

  1. Hacía tiempo que no oía nombrar a Gardner, pero me ha alegrado encontrarle por aquí. Some thoughts:

    Por una parte, parece lógico que un sistema de enseñanza orientado principalmente al desarrollo de las capacidades cognitivas dé prioridad a las inteligencias lógico-matemática y lingüística. Al final, los estudios superiores deberían nutrirse de las personas más cualificadas en ese aspecto. Tenemos metida en la cabeza la idea de que todo el mundo debería sacarse una carrera, y con ello cada vez tendemos más a la mediocridad. Igual que yo soy plenamente consciente de que nunca conseguiría nada en un sistema que valorara la inteligencia corporal-cinestésica, otros deberían tomar conciencia de lo mismo en el ámbito académico (sé que este comentario no es políticamente correcto, pero...).

    Por otra parte, es verdad que la importancia que tradicionalmente se da a esos dos tipos de inteligencia ha repercutido muy negativamente en las personas que cuyas inteligencias principales no son esas, dando lugar a la tradicional división entre "listos y torpes" de la que tanto se han perjudicado unos y otros. Precisamente eso es lo que se tendría que evitar, ahora que somos conscientes de que inteligente no es sólo el que "sabe" más (de nuevo, en el sentido tradicional).

    En fin, que un sistema educativo en condiciones debería ayudar a identificar y potenciar la/s inteligencia/s primaria/s en cada individuo, además de impartir unos mínimos de todas y cada una de ellas (algo que se supone que ya se hace), y no centrarse únicamente en lo que ya conocemos llegado cierto punto.

    Pero algo así sería altamente impopular: no somos nadie para "clasificar" a las personas y "negarles" el derecho a estudiar, segregando a los alumnos por inteligencias. Y vuelta a empezar...

    Quizás deberíamos empezar por romper con los prejuicios clásicos. Puede que así, lográramos algo. Como (dicen que) decía Einstein, "Everybody is a genius. But if you judge a fish by its ability to climb a tree, it will live its whole life believing that it is stupid."

    ¡Gracias, como siempre, por una entrada que invita a la reflexión!

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    1. Gracias a ti por leerla, siempre.

      Mientras escribía también me planteé esa "clasificación" que dices. ¿Hasta qué punto potencias las habilidades de cada persona o lo encasillas en una clase "intelectual"?

      De ahí pasé a pensar en la clasificación "intelectual" (y artificial) de Un mundo feliz... Todos tenían habilidades concretas y se dirigían hacia lo que se les daba mejor (por obligación). Hasta cierto punto eran felices, estaban preparados desde el nacimiento para que sus expectativas y aspiraciones se ajustaran a la clase que les tocaba. Pero... aún así... había algo malo en ello.

      En cuanto al tema de si las inteligencias son igualmente "importantes" puedo aceptarlo. Pero eso no implica que todos seamos igualmente "adecuados" para hacer una carrera, por ejemplo. En ese sentido estoy de acuerdo contigo.

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