viernes, 30 de diciembre de 2016

Llegué a Granada

Llegué a Granada.
Presa de la nostalgia y con unas horas para mí, decidí recorrer un camino que hacía 5 años que no pisaba: visitar el Campus de la Cartuja, donde viví los primeros años de mi época universitaria.

Todo parece seguir igual, incluso después de que acabaran las obras infinitas del tranvía/metro/monorrail...

https://youtu.be/yfmpl83Q3VA

Eran las 10 y apenas había desayunado. Un puesto de churros apareció ante mi como por ensalmo.
El acento granaino seguía inalterado, auténtico e inconfundible. Comentaban los dueños con una parroquiana temas de actualidad: la situación de los hospitales de Granada primero, un asesinato machista después.

Subí la cuesta que llegaba al pie del campus, con sus casas de pueblo y las tiendas de siempre. Bien por la nostalgia o por no llevar maleta esta vez, el camino fue más corto de lo que recordaba.

No me esperaba lo que vi a continuación. Las calles principales del campus habían sido urbanizadas y reformadas cual barrio de lujo. Las baldosas desiguales, las aceras estrechas, la pintura desvaida de mis recuerdos habían desaparecido.
Incluso se ha instalado un carril bici. Uno, efectivamente, y solo de bajada. Como ya demostrara el negocio de alquiler público de bicicletas, no hay quien venza a base de pedales ese gradiente de potencial gravitatorio.
Farolas contemporáneas, carril bici unidireccional y, al fondo, La Cartuja.

Después de ver la entrada de la famosa residencia, evalúe mis opciones. Me vine arriba y decidí seguir subiendo las calles, en busca de las vistas.
Sin sorpresa, vi como la urbanización de lujo desaparecía unos metros más arriba.

Ahora estoy en el mirador de San Cristóbal, que sobrevuela al más famoso de San Nicolás. Un hombre toca la guitarra y su dinámica sube y su técnica mejora cuando llegan los turistas a observar las vistas.

Las vistas comprenden un cielo azul infinito y un sol radiante reflejado en Sierra Nevada. La silueta de la Alhambra sobresale entre el resto de elementos y, a sus pies, el resto de la ciudad se extiende.


Un grupo de turistas llegan en manada a destrozar la atmósfera. La guía, grita en inglés si se le escucha. Supongo que habla con alguien situado en la torre de la Vela; en el mirador esa pregunta sobra.
En 3,5 minutos ha terminado su explicación sobre el "Albayzin quarter" y la manada sigue en pos del siguiente abrevadero.

La quietud vuelve. La guitarra suena quedo. Yo escribo tomando el sol.

Y esto no es nada comparado con lo que me está esperando.

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