Y así es como me he sentido muchas veces y aún me siento. Vale, mis sueños no incluyen ser poeta o tener un amante en cada puerto, pero sabéis lo que quiero decir.
Silvia Plath lo plasmó mejor con esto de los higos (reinterpretados en este cómic de Gaving Aung Than), pero yo también tuve mi momento de inspiración, allá por enero de 2012, cuando se acercaba el temido final de mis estudios. ¡Que lo disfruten!
Silvia Plath lo plasmó mejor con esto de los higos (reinterpretados en este cómic de Gaving Aung Than), pero yo también tuve mi momento de inspiración, allá por enero de 2012, cuando se acercaba el temido final de mis estudios. ¡Que lo disfruten!
"Elegir es renunciar.
Parece ser que al crecer, maduramos. Sentamos la cabeza o como queramos llamarlo. Parece deseable llegar a nuestro lugar en la vida, pero pensad un poco cómo se llega ahí, a través de una serie de innumerables elecciones.Imaginad que nacéis en la base de un árbol y que, al mirar hacia arriba, podéis ver innumerables ramas. No son todas las ramas que existen, por supuesto, porque no podemos decidir si nacemos debajo de un peral o de una secuoya, si me seguís la metáfora... Pero casi seguro que nuestro árbol es tan frondoso como el que más.
Pues bien, nuestro objetivo es alcanzar nuestro lugar en la copa del árbol. He aquí que al principio, las opciones para llegar a la cima son incontables: podemos elegir las ramas más sólidas, las más bellas, las más arriesgadas o hasta cerrar los ojos y ver dónde acabamos.
Pero llega un punto en que el tronco principal se acaba. Debemos elegir. O equivalentemente, debemos renunciar a todas las demás ramas de árbol, que serán podadas y a las que, casi con toda seguridad, no podremos volver.
Cada vez más altos, pero cada vez con más bifurcaciones, nos vemos a elegir cada vez con más frecuencia, cada vez con más experiencia y, normalmente, con más miedo, porque no podemos evitar ver cómo las opciones se limitan, cómo nuestras miras se estrechan.
Y al final, con suerte, llegaremos a la copa del árbol. Y, con más suerte aún, puede que lleguemos a la zona que en un principio más o menos planeamos llegar. Casi seguro que no al punto exacto, pues las ramas eran demasiado frágiles y no pudimos llegar. Pero aún así nos podemos sentir satisfechos y seguros, rodeados por nuestro pequeñito montón de hojas.
¿Pero qué pasa si asomamos la cabeza y nos damos cuenta que nuestro grandioso árbol se ha transformado en una raquítica rama que nos sostiene? ¿Qué pasa cuando desde arriba vemos que en la cima de las ramas que fuimos cercenando, estaban nuestros sueños?"
Por último, os recomiendo el sitio donde encontré la tira del principio. Contiene muestras brillantes que apuesto a que os harán reflexionar: Comics that say something.
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